Artículo publicado en el Diari de Sabadell, el viernes 20 de julio de 2012.

El país está “groggy” después de la confirmación de las últimas medidas aprobadas por el gobierno de Mariano Rajoy. La lista de las consecuencias de estas medidas es muy larga e intensa, y se prolongarán durante mucho tiempo. Analizadas en profundidad, la concatenación de las medidas del gobierno del PP en Madrid y de CiU en Catalunya provocan una amplia sensación de que el país se hunde. Y no se hunde por sí solo, sinó que lo hunden sus actuales gobernantes.

Cuando las finanzas de una empresa, de una familia o de quien sea no van lo bastante bien, siempre hay dos vías para mejorar. Se pueden reducir los gastos y se pueden incrementar los ingresos. El problema, ahora, es que se reducen los gastos pero sólo a cargo de quienes peor lo están pasando. Y la otra cuestión es que el incremento de los ingresos no recae en quienes más tienen, sino en las clases medias y las clases trabajadoras.

De entrada, uno de los principales problemas de la economía española es la caída de la demanda interna, del consumo de familias y de empresas. Por lo tanto, recortar sueldos de funcionarios e incrementar los impuestos al consumo genera una mayor caída del consumo, provocando directamente un impacto terrible en todo el ámbito comercial, especialmente en el pequeño comercio. Así, sin ningún tipo de duda, no quedará espacio para la recuperación económica durante una larga temporada.

Del resto de ajustes, recortes, desregulaciones, etc., hay que destacar dos elementos fundamentales. En primer lugar, ni una sola de las medidas afecta de forma concreta a los sectores más favorecidos económicamente. De hecho, son medidas dirigidas básicamente a la ciudadanía en general, pero con una especial incidencia entre las clases medias y las clases trabajadoras. En efecto, las políticas de recortes masivos y de incrementos de impuestos y de precios están conduciendo a una rebaja generalizada de las condiciones de vida de las clases medias y de las clases trabajadoras.

El otro elemento destacado es la ausencia de propuestas de reactivación de la economía o de mejora de las condiciones para generar crecimiento económico. No hay ni una sola de las propuestas que, de forma repetida, encontramos en las páginas del Diari de Sabadell escritas por personas como Antoni Garrell, que permitirían que la economía española pudiera salir de la crisis.

Una de las principales ideas que difunden desde los gobiernos de derechas del PP y de CiU -y también de Europa- es que no hay alternativa a todos estos recortes e incrementos de impuestos. Pero es una afirmación completamente falsa. Hay alternativas a las medidas de Rajoy, y son medidas factibles, posibles y perfectamente aplicables.

El primer paso es incrementar los ingresos. Y la mejor manera de incrementar los ingresos es una reforma fiscal en profundidad que abundada en dos temas clave: que pague más quien tenga más, y la lucha contra el fraude fiscal. No son aceptables hechos com las SICAV (que tributan al 1%), los trucos legales que permiten imputar ingresos de multinacionales en otros países (caso de Apple), los trucos legales para no pagar el impuesto del patrimonio o para no pagar IRPF acogiéndose al impuesto de sociedades. El sistema fiscal español está centrado en las rentas del trabajo y del consumo, dejando de lado a las rentas del capital, mucho menos penalizadas que en el resto de Europa. Esto no es ni progresividad ni justicia fiscal ni social.

Ante estas alternativas, son necesarios hechos. Y una posibilidad interesante sería la presentación en el Congreso de los Diputados de una Proposición de Ley con todas estas propuestas, por parte del Grupo Parlamentario Socialista. Entonces, si el PP y el resto de la derecha no están de acuerdo, que voten en contra. Así sabremos que la izquierda tiene propuestas alternativas concretas y que la derecha las rechaza, prefiriendo hacer lo que hace: recortar a quienes tienen menos, salvar a los que defraudan a hacienda y evitar que paguen más los que tienen más.

Desgraciadamente queda poco tiempo. O cambian rápido las cosas, o levantar nuevamente al país costará mucho tiempo y muchos esfuerzos. Mientras, el país está cambiando a peor, conduciéndonos a una economía más propia de la posguerra que del siglo XXI.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, julio de 2012