Artículo publicado en el Diari de Sabadell el viernes 5 de marzo de 2010

El próximo lunes se celebra el Día Internacional de la Mujer. Ésta es, pues, una buena ocasión para aportar algunos datos curiosos que reflejan algunas diferencias importantes de comportamiento entre los hombres y las mujeres. Así comprobaremos la contradicción de nuestra sociedad, llena de desigualdades de trato entre mujeres y hombres, a pesar del mucho mejor comportamiento femenino.

 

En España hay prácticamente el mismo nombre de mujeres que de hombres, ganando ellas por poco más de 600.000. La razón es básicamente una mayor esperanza de vida ya que los hombres morimos antes. Se confirma así que tenemos el mismo peso demográfico y que, en principio, deberíamos tener comportamientos semejantes. Pero la realidad, dura y cruda, demuestra que los hombres somos mucho peores que las mujeres. En toda una amplia lista de comportamientos, datos y temas, las mujeres son y se comportan mucho mejor que nosotros los hombres.

 

La primera información interesante es saber que en España hay 70.000 hombres encarcelados, mientras que sólo hay 6.000 mujeres. La conclusión es muy clara: los hombres delinquimos mucho más que las mujeres. En los centros de menores, donde se acoge a los menores delincuentes, la relación entre el número de chicas y de chicos es parecido. Por cada chica recluída, hay 13 chicos. Por lo tanto, también entre los adolescentes delinquen mucho más los chicos que las chicas.

 

Continuando con datos luctuosos, los últimos estudios demográficos nos explican que, en los suicidios, los hombres también nos llevamos la palma: por cada mujer que se suicida, lo hacen 4 hombres. Y si hablamos de violencia machista, los datos son demoledores: por cada hombre asesinado por una mujer, mueren asesinadas 30 mujeres por hombres, parejas o exparejas. Para acabar con los datos de tipo más negativo, también se puede destacar la diferencia entre mujeres y hombres en los accidentes de tráfico, ya que los hombres conductores triplicamos la accidentalidad de las mujeres conductoras. Y lo mismo sucede con las sanciones de tráfico y multas, donde los hombres ganamos de calle. Y además en el consumo de alcohol, los hombres duplicamos a las mujeres, mientras que en el consumo de otras drogas, los hombres consumimos mucho más que las mujeres, en una proporción de 5 a 1.

 

Un índice muy curioso y que tiene una importancia fundamental en nuestro país es el fracaso escolar. Los chicos son mucho peores estudiantes que las chicas. El fracaso escolar en la ESO es del 35’3% entre los chicos, mientras que las chicas sólo llegan al 21’5%. En el bachillerato suceden cosas parecidas porque por cada 3 chicas que lo terminan, sólo lo hacen 2 chicos. El 54’2% de todos los estudiantes universitarios son chicas, mientras que los chicos se conforman con ser sólo el 45’8%. Y si valoramos el resultado final, es decir, sobre quien obtiene finalmente la licenciatura, grado o diplomatura, las chicas ganan también sobradamente, acabando mucho más que los chicos. En el acoso escolar, los niños ganan también en comportamientos violentos: los agresores masculinos llegan a multiplicar por 8 al número de chicas agresoras.

 

Todos estos datos contrastan con las muchas discriminaciones que aún sufren las mujeres. Hay menos mujeres trabajando fuera de casa que no hombres. El paro siempre golpea con más fuerza a mujeres, jóvenes e inmigrantes. Las mujeres cobran sueldos más bajos y tienen menor estabilidad laboral. Las mujeres son minoría en los ámbitos de poder: en consejos de administración de empresas y bancos, en órganos y cargos directivos, etc.

 

Es incomprensible que las mujeres continúen sufriendo situaciones negativas de desigualdad, situándose siempre por debajo de los hombres, cuando los datos citados nos demuestran que las mujeres se comportan mucho mejor que nosotros, los hombres. Una sociedad justa ha de premiar a la ciudadanía que mejor se comporta. Y si las mujeres son así, de justicia es reconocérselo. Tenemos que acabar con la discriminación de las mujeres, más cívicas y menos violentas que los hombres. Y, porque, al fin y al cabo, las mujeres son mejores.

 

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, marzo de 2010