Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 10 de agosto de 2013

En las democracias, la soberanía radica en el pueblo, en la ciudadanía. La Constitución Española recoge en su artículo 1.2 que “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”. De la misma manera, vivimos en una sociedad donde se reconocen la igualdad de derechos y de trato entre todo el mundo.

Desgraciadamente, cada día aparecen nuevas noticias que demuestran que en España el pueblo no pinta mucho. O también vemos como hay quien obtiene mejor trato en función de su poderío económico. Y últimamente se publican noticias que demuestran desigualdades flagrantes. Los grandes grupos empresariales en España pagaron el 3’5% de impuestos sobre sus beneficios del ejercicio 2011 (fuente: gobierno español). Cualquier pequeña o mediana empresa está pagando entre el 20% y el 22% de impuesto de sociedades sobre sus beneficios (fuente: Gestha, el sindicato de técnicos de hacienda). La comparación da miedo, al ver como los grandes grupos empresariales pagan muchísimo menos que las pequeñas y medianas empresas, que son las que pasan mayores dificultades en la actual situación de crisis.

Otro dato interesante: entre los años 2007 y 2011, la recaudación del impuesto de sociedades ha caído en más de 28.000 millones de euros. Y la razón no es la crisis, no. La principal causa de esta caída en la recaudación del impuesto de sociedades es el gran número de cambios introducidos en este impuesto, favoreciendo a las grandes empresas y a los grandes grupos empresariales. Todo el mundo recuerda que, de vez en cuando, el expresidente Zapatero así como el actual presidente Rajoy se reunían con los principales empresarios del país. Es fácil, pues, entender que la relación entre el poder político y estas grandes empresas es bastante estrecha. De hecho, es corriente que exministros -tanto socialistas como del PP- pasen a formar parte de los consejos de administración de estas grandes empresas. Así, las grandes empresas se aseguran tener políticos influyentes a su servicio, con capacidad para modificar la acción de un gobierno hacia sus intereses empresariales.

Ya hemos escrito que en España tenemos la electricidad más cara de Europa, con unas empresas que afirman perder dinero fabricando y vendiendo electricidad pero que tienen y reparten beneficios cada año. Y son ellas las que prácticamente dictan los precios y las condiciones del mercado eléctrico español.

Las pequeñas y medianas empresas españolas tienen poco acceso a créditos. Además, en España el crédito a las empresas es de los más caros de Europa. Mientras, han desaparecido las cajas de ahorro y sus respectivas obras sociales. Y entre todos y todas hemos pagado y avalado casi 100.000 millones de euros al sistema financiero español. Queda claro que en el ámbito financiero mandan los grandes bancos y grupos financieros.

Esta semana se ha conocido que el ministerio de Trabajo ha dejado sin subsidio de desempleo a unas 60.000 personas por diversos fraudes. Como todo el mundo sabe, los importes del subsidio de desempleo son cantidades modestas, no precisamente millonarias. El subsidio de desempleo no da lo suficiente para abrir una cuenta corriente en Suiza. Pero este mismo gobierno aplicó una amnistía fiscal para el dinero negro o existente en el extranjero, en paraísos fiscales. El precio a pagar era sólo un 10% y nada más. Queda claro, pues, que evadir impuestos puede costar un 10% del importe evadido, mientras que una pequeña o mediana empresa o un mileurista pagan el doble del porcentaje de impuestos. Y quien quiera cometer fraude con el subsidio de desempleo, perderá los pocos miles de euros que significa. Ojo, no un porcentaje: ¡todos los euros! Nadie puede dudar, desde luego, de que no existe una igualdad real de trato entre empresas o personas.

Con estos ejemplos, se confirma que en España mandan las grandes empresas -sobre todo si son energéticas, financieras o grandes constructoras- y la gente con mucho dinero, lo tengan aquí o en paraísos fiscales. El resto de la ciudadanía y de sectores económicos solamente somos quienes les pagamos la fiesta a los que mandan de verdad. O esto cambia, o la constitución y la democracia no serán más que papel mojado.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, agosto de 2013