Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 24 de agosto de 2013

Este mes de agosto ha visto cientos de muertos en las calles de El Cairo y de otras ciudades egipcias, resultado de protestas ciudadanas. El resumen es bastante sencillo: tras las revueltas populares que acabaron con la dictadura de Mubarak en 2011, se celebraron elecciones democráticas para un nuevo parlamento. Ganó el Partido de la Libertad y la Justicia (partido islamista, brazo político de los Hermanos Musulmanes) con mayoría simple, formando gobierno con otros partidos islamistas, dejando de lado a los partidos laicos y progresistas. La participación fue del 62% del censo. Pocos meses después, en la primavera de 2012 tuvieron lugar las elecciones presidenciales, saliendo elegido en segunda vuelta al islamista Mohamed Morsi, también miembro de los Hermanos Musulmanes.

El gobierno y el presidente islamistas redactaron una nueva constitución. El resultado fue una constitución muy poco democrática y llena de los típicos tics religiosos, en este caso, islámicos. El referéndum de ratificación de la Constitución fue un fracaso, con el 64% de votos a favor pero con sólo un 32% de participación. Como es fácil deducir, poca legitimidad tiene una constitución después de estos resultados en su referéndum de validación.

Tanto los resultados de las elecciones parlamentarias como presidenciales, así como la nueva constitución, decepcionaron a una gran mayoría de egipcios. Entonces, volvieron las manifestaciones en la plaza Tahrir, con el resultado de un golpe de estado. El ejército egipcio detuvo al presidente, cerró el parlamento y suspendió la constitución. De aquí proceden las nuevas manifestaciones de los partidarios de los Hermanos Musulmanes quejándose del golpe de estado militar. Y las manifestaciones han sido disueltas de mala manera, a tiros, con el resultados de cientos de muertos.

Lo que ha ocurrido en Egipto nos trae dos de los grandes debates propios del siglo XXI. Por un lado, ¿es legítimo un gobierno elegido democráticamente pero que rompe con la esencia de la democracia y del respeto e igualdad a los derechos humanos? Por lo tant, ¿es legítimo sublevarse y derrocar un gobierno elegido democráticamente pero que no respeta los valores democráticos ni los derechos humanos? Y por otra parte, ¿es aceptable que una religión determine la legislación de un país?

La democracia no puede ser excusa para no respetar los derechos humanos ni para dejar de aplicarlos en régimen de igualdad. Hitler llegó al gobierno de Alemania obteniendo democráticamente el 33% de los votos en unas elecciones parlamentarias en 1933. Formó gobierno con el apoyo parlamentario del resto de la derecha alemana. Las consecuencias son sobradamente conocidas, empezando por el encarcelamiento de los dirigentes de los partidos socialista y comunista dos meses después de las elecciones.

En cuanto a la religión, hay paralelismos muy curiosos en la historia. La nueva constitución islamista de Egipto afirma en el artículo 2: “El Islam es la religión del Estado y los principios de la” Sharia “islámica son la principal fuente de legislación“. Los “Principios del Movimiento Nacional” del gobierno franquista decían literalmente: “La Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará apoyo legislación“. Como se puede comprobar, son casi calcados.

Mientras no se resuelvan estos dilemas no habrá soluciones para Egipto. Deberíamos tener presente que los movimientos islamistas en Egipto han ganado las elecciones por una razón muy sencilla: están muy bien organizados, dirigidos y adoctrinados. Todos los viernes las mezquitas mantienen esta cohesión. Por el contrario, los partidos laicos no tienen este nivel de organización, pagando electoralmente las consecuencias. Pero una gran mayoría de la población egipcia es la que sigue empobrecida: quien le traiga futuro respetando los derechos humanos y las libertades democráticas será quien legítimamente pueda gobernar Egipto.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, agosto de 2013