Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 31 de agosto de 2013

A falta de incendios forestales y de grandes catástrofes, las noticias del mes de agosto se han centrado en Gibraltar. La información española ha consistido en hablar de Gibraltar todo el día, con diferentes ministros españoles dejando caer perlas por aquí y por allá. Gibraltar ha sido una fantástica excusa para el gobierno del PP para evitar que su corrupción interna continuara centrando el panorama informativo español. Además, los medios de comunicación más afines al PP ya habían comenzado a criticar con fuerza al gobierno por la corrupción y su debilidad política. La aparición del tema Gibraltar ha provocado que estos mismos medios de comunicación sacaran del baúl del pasado franquista aquello de “¡Gibraltar español!”.

Todo lo que se ha escrito y hablado sobre Gibraltar estas semanas es inútil y absurdo: gasolineras flotantes, bloques de hormigón, contrabando de tabaco, etc. Todo ello consiste en esconder las vergüenzas de unos y otros.

Gibraltar proviene del árabe y significa “la roca de Tariq”, en referencia a uno de los principales jefes invasores árabes en el año 711. Reconquistado en 1462, después de formar parte entonces del reino nazarí de Granada, Gibraltar pasó a ser propiedad del marquesado de Medina-Sidonia. En 1704, cuando la Guerra de Sucesión española vivía sus momentos más duros (Austrias contra Borbones luchando para ocupar el trono de España), una flota británica (aliada de los partidarios de los Austrias) se plantó en Gibraltar y lo conquistó. Destacó allí un batallón de soldados catalanes que desembarcó en la actualmente conocida como “Catalán Bay” (una caleta de Gibraltar).

En 1713 el Tratado de Utrecht cerró la Guerra de Sucesión entre las grandes potencias europeas, dejando a un borbón como rey de España (Felipe V), pasando Gibraltar y Menorca a manos británicas. Por cierto, que con este acuerdo Cataluña se quedó completamente sola, manteniendo hasta el histórico once de septiembre la guerra contra los borbones en defensa de los derechos e instituciones catalanas.

El auténtico problema de Gibraltar no consiste en si ha de ser español, británico o independiente. Tampoco el problema radica en si los peces son de unos o de otros, o si el agua de acá es de alguien. En pleno siglo XXI , el verdadero problema de Gibraltar es una broma de mal gusto dirigida a toda la ciudadanía europea.

Gibraltar es un paraíso fiscal de soberanía británica. También lo son las islas Cayman, Jersey, Guernsey, Man, Islas Vírgenes, etc. Son lugares donde prácticamente no se pagan impuestos, y donde ronda dinero fruto de todo tipo de actividades -legales e ilegales-: tráfico de drogas y de armas, corrupción, evasión fiscal, etc. En la Unión Europea se admite sin problemas que haya paraísos fiscales: Luxemburgo también lo es, además de estos territorios de titularidad británica.

En toda esta ” crisis” de Gibraltar nadie ha plantado cara a la existencia de paraísos fiscales en la Unión Europa. La preponderancia de los poderosos -grandes empresas, grandes bancos, gobiernos conservadores y neoliberales- sigue manteniendo vivos esos paraísos fiscales. Y aquí es donde las derechas europeas callan.

Hace pocos meses que el PP autorizó el juego “online”, por internet o por los móviles. Casinos, bingos, etc., tienen ahora la posibilidad de embaucar a distancia a la clientela, ganando aún más dinero. Pues el juego “online” autorizado por el PP está basado en Gibraltar, donde paga una miseria de impuestos (el 1% ). Mientras, pequeñas empresas, autónomos, pensionistas y mucha más gente pagamos más del 20% de impuestos.

Gibraltar es una más de las bromas de mal gusto en la Europa del siglo XXI. Nos recuerda que quien sigue mandando en Europa es el dinero, quienes tienen mucho dinero y los políticos que les sirven (como quien propuso bajar los salarios el 10% , no habiendo hecho nunca nada contra los paraísos fiscales).

Joan Saumoy i Gregori
Sabadell, agosto de 2013