Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 21 de septiembre de 2013

 

Después del Once de Septiembre y de la cadena humana por la independencia, el panorama político en Cataluña y en España se complica. El gran tema es la petición de celebración de un referéndum o consulta para decidir la relación entre Cataluña y España (o directamente la independencia de Cataluña).


Las durísimas consecuencias de la crisis no parecen importar, centrándose todo en esta cuestión, saltando también a políticos y medios de comunicación ubicados al oeste del río Sènia (o al otro lado del Ebro). La prensa más radicalmente conservadora se ha rasgado las vestiduras y, día sí y día también, pone el grito en el cielo ante la más mínima posibilidad de ruptura de “la indisoluble unidad de España”.


El españolismo recalcitrante dificulta cualquier posibilidad de acuerdo al no entender cualquier otra visión del mundo distinta de la suya. Su comportamiento recuerda mucho al del machista que considera a su mujer o pareja como propiedad. Le niega toda capacidad propia de decisión y la tiene sujeta a su control e intereses. El concepto de fondo es, como hace el marido machista, la incapacidad de aceptar que la mujer o la pareja es también una persona, con criterios, conceptos, gustos, deseos y sentimientos propios. Así se comportan determinados sectores españoles, incapaces de entender que entre Cataluña y España hay un pacto. Y sólo entre diferentes actores es posible un pacto, porque en la sumisión absoluta no hay lugar para pactos sino para imposiciones.


El pacto actual entre Cataluña y España se está rompiendo. Es la suma de una larguísima cadena de errores. En primer lugar, en septiembre de 2005, cuando el Parlamento de Cataluña aprobó el proyecto de nuevo Estatuto de Autonomía, el grupo parlamentario del PP (entonces dirigido por Josep Piqué) daba su conformidad al Estatuto. Pero el PP español, dirigido ya por Mariano Rajoy, impuso que no se aceptara el Estatuto. Una vez en el Congreso, con la estúpida “pasada de cepillo” de Alfonso Guerra y otros socialistas indignos de llamarse así, cayó el segundo error. El PP se dedicó a recoger firmas -y odios- por toda España contra Cataluña y su nuevo Estatuto. Después, la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto fue letal, haciendo caducar cualquier propuesta federal estándar para Cataluña.


Y hay tres errores más. El primero es del gobierno del PP y de Rajoy que, si hubieran sido inteligentes y convocado un referéndum al estilo del de Escocia, ahora disfrutarían de una tranquilidad enorme, contando incluso con que podrían ganar este referéndum. El segundo error es continuar haciéndose el ciego y el sordo ante cualquier posibilidad de referéndum catalán, ante a cualquier modificación constitucional y cualquier cambio del actual sistema de estructura del Estado. Así sólo se dan alas y argumentos a los independentistas. Como siempre se ha dicho, la principal fábrica de independentistas está en Madrid, en las filas de la derecha y del españolismo rancio. El último error hay que cargarlo a las filas socialistas, tanto del PSOE como del PSC. Hacer ahora una propuesta federal es ir tarde. Se debería haber hecho entre el 2005 y el 2010. Además, sin el PP es imposible cualquier modificación constitucional, aunque dentro del PSOE tampoco hay muchos federalistas. Ahora el PSOE no acepta un referéndum, olvidándose de que 30 años atrás, incluso el propio Alfonso Guerra proclamaba el derecho de autodeterminación de los pueblos.


Hoy, la única propuesta posible, aceptable mayoritariamente en Cataluña por todos los sectores, sería una relación entre Cataluña y España similar a la de Puerto Rico con Estados Unidos (EEUU). Puerto Rico es un estado libre asociado a EEUU, a quien cede defensa, relaciones exterior, moneda y política monetaria. El estatus de Puerto Rico es diferente a la del resto de los estados del EEUU, con más competencias que nadie. Es pura asimetría, sin que en EEUU nadie se exalte en contra. Pero es un sueño absurdo: el PP no acepta moverse ni un milímetro, y el PSOE tampoco aceptaría esta propuesta. Como siempre, la ceguera españolista conduce al divorcio catalán. Es como el marido machista que, a base de no ceder nunca, sólo provoca que su mujer se harte y lo abandone.


Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, septiembre de 2013