Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 9 de noviembre de 2013

El gobierno español ha decidido que la crisis económica ha terminado, y afirma que ya estamos saliendo. Aporta datos como los siguientes: el PIB español ha crecido el 0’1% en el tercer trimestre de 2013, las exportaciones crecen, llega inversión extranjera a empresas españolas, etc.

Pero no se puede hablar de final de la crisis mientras el paro ronde entre los 4’8 millones de personas (datos INEM) y los 5’9 millones (datos EPA). La destrucción de puestos de trabajo oscila entre los 3 y los 4 millones desde el año 2007. Mientras no volvamos a tener un paro inferior a los 2 millones de personas, la crisis no habrá terminado. El 40% de las personas en paro en Cataluña no tienen ningún ingreso económico (alrededor de 300.000 personas). Y nos podemos ahorrar los datos sobre familias en situación de pobreza, porque tampoco es cuestión de convertir este texto en lacrimógeno.

Necesitamos saber cuándo y cómo podremos reducir el paro a valores soportables. Si en España se crearan 300.000 nuevos puestos de trabajo cada año, se necesitarían entre 10 y 13 años para volver a un nivel de paro como el de antes de la crisis. Esto significa ir hasta los años 2023 y 2026. Todos los expertos, de todos los colores, ideologías y sectores están de acuerdo en que para crear puestos de trabajo es necesario un crecimiento anual del PIB superior al 1’5%. Y ninguna previsión da un crecimiento del PIB español de este tipo hasta más allá del 2016. Por lo tanto, tenemos un futuro a corto y medio plazo de falta de creación de puestos de trabajo, con el mismo brutal nivel de desempleo.

 

Actualmente, en Cataluña y en España se generan dos tipos de puestos de trabajo. Por un lado, hay puestos de trabajo puramente temporales ligados a la temporada turística. Funcionan durante el verano y la primavera, y generan desempleo en invierno y otoño. El otro tipo de puestos de trabajo que se están creando actualmente son de sustitución. Por ejemplo, una empresa despide a 5 trabajadores que le costaban 100 en total y los sustituye por 5, 6 ó 7 nuevos trabajadores, más jóvenes e inexpertos que le cuestan 70 en total. Se reduce el coste salarial, se crea algún nuevo puesto de trabajo, pero la calidad salarial y las condiciones de trabajo son peores. La competitividad de la empresa mejora gracias a los sueldos más bajos, pero con personal peor preparado la calidad y cantidad de la producción se resiente. Es pan para hoy pero hambre para mañana. Además, se envía al paro a personas con familia que difícilmente volverán a encontrar trabajo. Con este modelo, se condena a muchas familias al paro crónico y de larga duración.

Sólo podremos salir de este pozo con cambios profundos y sustanciales de nuestro modelo de sociedad. Y son cambios radicalmente diferentes de los que hacen los gobiernos de PP y de CiU, y de los que proponen la Unión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.

Para empezar, hay que cambiar lo que ocurre en el sector público. En dos años el sector público ha enviado al paro a 400.000 personas. Vivimos en un país absurdo donde los quirófanos están cerrados, crecen las listas de espera, los médicos emigran, etc. Hay que invertir la tendencia y hay que empezar a contratar maestros, médicos, personal sanitario, personal de atención social, etc. Se calcula que en España sólo en trabajos relacionados con la educación, la sanidad y la atención social de alcance público se pueden crear bastante más de un millón de puestos de trabajo. Será necesario dinero para poder pagar a toda esta gente, que debería salir de una reforma fiscal donde por fin paguen los que ahora no pagan o pagan poco.

El trabajo en la construcción no volverá, pero sí hay espacio para la industria exportadora, la industria que se basa en la I+D+I (investigación, desarrollo e innovación). Y hay mucho espacio de crecimiento ligado a las energías renovables, en fabricación, exportación e instalación. Hay muchos ámbitos donde crear puestos de trabajo, de calidad, con actividades que generan valor añadido de país. Debemos elegir si queremos ser un país de servicios públicos amplios y de calidad, con una industria moderna y exportadora, o si preferimos ser un país que sólo compite por precios bajos, con pocos puestos de trabajo, de baja calidad y sueldos de miseria.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, noviembre de 2013