Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 16 de noviembre de 2013

Una de las grandes claves para salir de la crisis es que los créditos lleguen a las empresas. Las pequeñas y medianas empresas necesitan crédito para poder mejorar su situación y crear puestos de trabajo. Ante realidades como el rescate a entidades financieras en España, siempre aparece esta frase: si ya hemos resuelto los problemas de los bancos, ya pueden empezar a dar créditos. Igualmente, desde el Banco Central Europeo (BCE) se ha prestado dinero a los bancos a intereses del 1% o más bajos, con la excusa de que debían servir para dar créditos, especialmente a empresas. Pero hoy, después de todas estas noticias, el crédito sigue sin llegar a las empresas. Y hay quien afirma que no se pueden dar más créditos a las empresas porque están excesivamente endeudadas.

Los datos nos ayudarán a conocer la verdad sobre porqué no hay crédito para las empresas. Algo más de 600.000 millones de euros es el saldo vivo de créditos a familias y empresas. Aquí se incluye el dinero existente en préstamos a todo tipo de empresas -grandes, medianas, pequeñas y autónomos- y particulares -crédito al consumo, compra de vehículos- sin contar las hipotecas.

Buena parte de los créditos a las empresas está dedicado a las grandes empresas, quedando muy poco para las pequeñas y medianas empresas. Las 6 grandes empresas energéticas españolas tienen una deuda de 67.000 millones de euros. Las 6 grandes empresas constructoras reconocen una deuda de 47.000 millones de euros oficialmente, aunque varias fuentes fiables afirman que llegarían a 100.000 millones de euros. Telefónica debe 48.000 millones de euros, y la deuda de grandes empresas como Corte Inglés, Grífols y las editoras de El País, El Mundo, Telecinco y Cuatro suma 13.500 millones de euros. Todo ello da la terrorífica suma de casi 230.000 millones de euros, la mayoría en forma de créditos bancarios. La realidad es que las empresas endeudadas son las grandes, no las pyme.

Otra realidad es la deuda oculta de las entidades financieras en forma de activos inmobiliarios. Esto significa que bancos y cajas se han quedado viviendas, promociones de pisos acabadas o pendientes de terminar y solares que, si los vendieran hoy al precio que alguien quisiera pagar, generarían grandes pérdidas dado que prestaron mucho más dinero por estos activos. Estas pérdidas según el cálculo más modesto -del FMI- serían de 50.000 millones de euros. El cálculo más elevado habla de 150.000 millones de euros.

A todo ello hay que añadir que el BCE no para de prestar dinero a muy bajo interés (entre el 0,25% y el 1%) a las entidades financieras españolas. Este dinero ha tenido dos usos: en primer lugar, comprar deuda pública española (actualmente en el 4% de interés), aprovechando así para obtener ganancias fáciles. Y, en segundo lugar, han devuelto los préstamos que tenían con entidades financieras del centro de Europa (principalmente Alemania y Holanda).

Por tanto, queda confirmado que las entidades financieras españolas no dan créditos a pequeñas y medianas empresas porque se gastan el dinero en otras cosas. Primero: comprando deuda pública y devolviendo deudas. Segundo: dando préstamos a las poderosas grandes empresas españolas. Y en tercer lugar, poco dinero les queda porque todavía arrastran un agujero inmobiliario importante.

Por si fuera poco, se calcula que el dinero público destinado a entidades financieras (rescate de las cajas, el banco “malo” -SAREB- quedándose activos inmobiliarios, avales públicos, etc.), ronda entre los 100.000 millones y los 170.000 millones de euros, según diversas fuentes, todas oficiales.

Sólo hay una solución rápida y fácil para dar créditos: utilizar las cajas nacionalizadas (Bankia, Catalunya Caixa y Caja Galicia) para dar créditos a las pyme y a los autónomos. Pero, desafortunadamente, el gobierno del PP sólo piensa en vaciarlas de trabajadores, pagar las deudas con dinero público y venderlas a precios ridículos. Así, ciertamente, no habrá reactivación económica ni menos paro en bastante tiempo.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, noviembre de 2013