Article publicat al Diari de Sabadell el dissabte 30 de novembre de 2013

Las últimas semanas han venido cargadas de diferentes noticias en el ámbito político, en las que la dignidad podría perfectamente ser su principal protagonista. La primera de ellas es bastante reciente: el senador y líder del PSOE madrileño, Tomás Gómez, ha presentado su renuncia como senador. La razón ha sido su desacuerdo con el pacto entre PSOE y PP para la renovación del Consejo General del Poder Judicial. Este acuerdo incluía el nombramiento -a propuesta del PP- de un juez que se negó a paralizar la privatización de la sanidad pública madrileña. Tomás Gómez ha dimitido como senador para no votar a quien, desde su actuación judicial, favorece los intereses del gobierno madrileño del PP. Es una dimisión similar a la de Nicolás Salmerón, que dimitió como presidente de la I ª República para no firmar la ejecución de unas sentencias de muerte.


Parece mentira que un político dimita en este país. Pero que lo haga por convicciones y no por estar implicado en ningún escándalo, parece casi increíble. Dimitiendo, Tomás Gómez ha dado toda una lección de dignidad política.


El gesto del líder socialista en Madrid coincide con la noticia de que el grupo parlamentario socialista ha abierto un expediente a los diputados del PSC por votar de forma diferente en una moción relativa a temas de soberanía nacional. En muchos parlamentos -Francia, Reino Unido, Italia, etc.- es completamente normal que no haya disciplina de voto, y que diputadas y diputados de un mismo partido voten diferente, en función de sus convicciones o de lo que los votantes prefieran. Aquí, parece que no es normal.


Hace pocas semanas que el exministro de Economía, Pedro Solbes, presentó sus memorias. Solbes explica en el libro y en diferentes entrevistas sus grandes discrepancias con el presidente del gobierno al que pertenecía, José Luis Rodríguez Zapatero. Leyendo las opiniones de Solbes sobre economía, la sorpresa consiste en que ZP puso de Ministro de Economía a alguien que piensa exactamente lo mismo que Luis de Guindos o Cristóbal Montoro, actuales ministros del PP.


Esta misma semana el expresidente Zapatero ha presentado también unas memorias, en especial desde el año 2010 a finales de 2011. ZP publica en su libro la famosa carta que le envió al entonces presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet. La carta tiene un gran valor, ya que pide al gobierno español una serie de medidas, algunas de ellas idénticas a la reforma laboral que ha hecho el PP. ZP explica que vivió unas presiones enormes, que culminaron en la cesión al chantaje europeo en mayo de 2010, con minirreformas laboral y de pensiones, y terminando con la rapidísima modificación constitucional sobre el déficit público de finales de agosto de 2010. Ante el chantaje, ZP tenía tres opciones: la primera era negarse al chantaje y seguir gobernando haciendo caso omiso a las presiones neoliberales. La segunda era disolver el Congreso y convocar elecciones generales, planteándolas casi como un referéndum entre ceder al chantaje o hacerle frente, con políticas alternativas perfectamente aplicables (Brasil y Costa Rica son ejemplos en esta línea) . Y la tercera era ceder y callar. Y así fue: ZP cedió al chantaje neoliberal, traicionando a los gritos posteriores a su reelección en 2008 que le pedían “no nos falles”.


Solbes y ZP prefirieron liquidar su dignidad, como también lo ha hecho Mariano Rajoy al hacer todo lo contrario de lo que prometió en la campaña electoral. Y continúa la falta de dignidad política el gobierno del PP al promover continuamente falsedades y leyes de más que dudosa constitucionalidad, muy alejadas también de lo que prometía en la campaña electoral.


Cuando se habla de regeneración política, tenemos ejemplos para seguir, como la actitud de Tomás Gómez, y también ejemplos de malas prácticas que generan descrédito en la política. De manera muy diferente irían España, Cataluña, Sabadell y cualquier pueblo o ciudad si el ejemplo de Tomás Gómez fuera el modelo a seguir.


Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, noviembre de 2013