Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 23 de noviembre de 2013

Sobre las nuevas tecnologías no dejan de aparecer nuevos elementos. De hecho, las propias nuevas tecnologías no dejan de abrumarnos con novedades continuas. Años atrás se hablaba de juegos de ordenador especialmente violentos, que incluían malos tratos a mujeres. También se hablaba de la incidencia de los teléfonos móviles como herramientas de control por parte de personas celosas. Ahora, con la aparición y popularización de las redes sociales (Facebook, Twitter, etc.), así como de los llamados “teléfonos inteligentes”, nacen nuevos ámbitos para ejercer el machismo y su peor expresión: la violencia machista.


La Delegación del Gobierno para la Violencia de Género ha publicado un magnífico estudio sobre la evolución de la igualdad y violencia de género entre jóvenes y adolescentes. Las 304 páginas del estudio están llenas de datos que los diferentes medios de comunicación han difundido durante esta semana. De los muchos datos y conclusiones que efectúa dicho estudio, quizás vale la pena explicar un poco la incidencia de las nuevas tecnologías en el machismo de los jóvenes y adolescentes actuales.


El primer elemento es que la aparición de los chats instantáneos y gratuitos permite tener una relación constante entre personas sin necesidad de llamar por teléfono. El estudio explica que hay cambios importantes: se reduce el número de chicos que dicen tener dificultades para relacionarse con chicas, disminuye el tiempo compartido con la pareja, y cae la edad de la primera relación de pareja tanto entre chicos como entre chicas, situándose en los 13 años.


Veinte años atrás, la única posibilidad de insultar, agredir, dejar en ridículo, etc., a una persona sólo podía ser mediante una actuación presencial. Y a menudo no era fácil dado que cualquier chica podía estar acompañada por amigas o amigos. En aquellos tiempos, la violencia machista -no necesariamente física- sólo podía expresarse cara a cara. Ahora, sin embargo, es posible insultar, hacer chantajes emocionales, psicológicos o incluso sexuales a cualquier hora, sin estar el agresor ante la víctima. Esa chica puede estar sola en la calle o en su casa, sin ninguna salvaguarda psíquica ni apoyo a su lado.


Otro dato interesante es que uno de cada cuatro adolescentes pasa más de tres horas diarias “enganchado” a las nuevas tecnologías. Y tanto los agresores como las víctimas pertenecen en mayor porcentaje a este sector. Tanto tiempo dedicado a las nuevas tecnologías quita tiempo a otras actividades imprescindibles entre adolescentes, como son los encuentros con amigas y amigos, otras actividades de ocio o, simplemente, compartir momentos y espacios con la familia.


En la relación entre un chico y una chica a través del ordenador o el móvil no hay testigos, no hay consejeros, no hay árbitros ni intermediarios. Es un ámbito ideal para el chantaje, para la ira, para el insulto y el desprecio. Y eso sin hablar de otras conductas de riesgo, como los abusos sexuales a menores mediante chantajes a través de internet. De todas maneras, más de la mitad de las chicas y más de un tercio de los chicos reconocen hablar con su padre o su madre de lo que hacen en internet, poniendo en valor el papel de las familias a la hora de trabajar preventivamente. Aun así, la realidad hoy es que el 25% de las chicas reconocen que son controladas por su pareja a través de las nuevas tecnologías.


Otro dato particularmente interesante del estudio es la confirmación del papel decisivo de la escuela en la prevención de la violencia machista. Sorprende este dato cuando el actual gobierno ha decidido eliminar la asignatura de educación para la ciudadanía, que tenía un papel fundamental en el ámbito de la igualdad entre mujeres y hombres así como en la lucha contra el machismo.


Se confirma que los acosadores adolescentes de hoy pueden ser los agresores de mañana. Y se confirma que las actuales víctimas silenciosas pueden ser las mujeres muertas de mañana. No podemos dejar de trabajar contra el machismo, pues, desde la familia, desde la escuela, desde la sociedad, pero también desde los poderes públicos.


Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, noviembre de 2013