Artículo publicado en el Diari de Sabadell el sábado 8 de febrero de 2014

Hace ya bastante tiempo que mucha gente considera preocupantes las desigualdades crecientes de nuestra sociedad. A nadie le suena extraño saber que los ricos son más ricos y los pobres son más pobres. El paro existente en Cataluña y en España, o el hecho de que tener un sueldo ya no es garantía para evitar la pobreza, contrastando con el crecimiento de los beneficios de las grandes empresas, provocan que nadie ponga en duda unas desigualdades crecientes.

Hace pocas semanas, la ONG Intermón-Oxfam publicó un estudio titulado “Crisis, desigualdad y pobreza”, con muchos datos concretos sobre el crecimiento de las desigualdades en España. Los datos que aporta Intermón son devastadores: una de cada cuatro personas está en riesgo de pobreza, 1’7 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro y hay más de 500 desahucios diarios. Intermón nos aporta datos y reflexiones sobre lo que podríamos llamar una “quiebra ética” de nuestra sociedad, al permitir estos niveles de desigualdades.

A finales de 2013, el Foro Económico Mundial de Davos, punto de encuentro del dinero, de los ricos y de quienes mandan en el mundo, publicó un informe sobre los riesgos mundiales globales para el año 2014. Sus conclusiones son sorprendentes. Sitúa 10 riesgos graves para el mundo en este año, entre los que destacan la “severa desigualdad de ingresos” y “las altas tasas de paro y de infraempleo”. De hecho, la desigualdad de ingresos se coloca como el primer riesgo mundial. Incluso la gente de Davos habla del riesgo de perder una generación, la que tiene ahora entre 14 y 24 años en los países desarrollados.

De fondo, la gran preocupación de los ricos del mundo, de la gente de Davos, es que tanta desigualdad genera dos grandes problemas: revueltas sociales y falta de poder de compra. Si cae el número de personas que pueden comprar coches, casas, móviles, ropa o zapatos, o pagar altos consumos de telefonía o de energía, las empresas dejarán de ganar dinero. Y si la gente empieza a tener problemas de falta de futuro y de dinero, el camino a las revueltas sociales se acerca peligrosamente. La inestabilidad política de los poderes actuales es un gran riesgo para quienes tienen mucho dinero y para quienes mandan en el mundo. Por lo tanto, piden tomar medidas para reducir estos riesgos.

Hablando de desigualdades en España, pueden calificarse de escandalosos los beneficios anunciados por las grandes entidades financieras españolas y catalanas durante el año 2013. El caso más sangrante es el de Bankia, con unos beneficios en 2013 de 818 millones de euros, cuando un año antes recibió un “rescate” de más de 20.000 millones de euros. Los máximos responsables de Bankia han dicho que hablarán más adelante sobre la devolución del dinero de su rescate. De momento, el préstamo para el rescate lo está pagando el estado, es decir, todas nosotras y todos nosotros. Incluso las entidades financieras que siguen siendo privadas han tenido “regalos” como los llamados “créditos fiscales”, que suman 30.000 millones de euros. Estos “créditos fiscales” consisten en pagar menos impuestos, en base a modificar la parte de sus beneficios que debe pagar impuestos. Sin embargo, ni un solo responsable público ha pedido al sistema financiero que devuelva un solo euro.

Otro estudio reciente de la escuela privada de negocios EADA (nada sospechosa de progresismo) ha confirmado que los sueldos de los altos directivos crecieron en España en 2013 un 7%, mientras que empleados y cargos intermedios veían bajar sus salarios.

Poco a poco nos vamos acercando a una sociedad dual, con ricos más ricos, y un número creciente de pobres, cada día un poco más pobres. Y en medio, la clase media va desapareciendo, perdiendo y gastando ahorros, con ingresos a la baja, pero con precios que no dejan de subir. No parece que haya un riesgo general de explosión o revuelta social. Pero un país más pobre y con más pobres, no tiene demasiado futuro. Y se equivocará quien crea que los beneficios crecientes de los más ricos conducirán automáticamente a una mejora del resto de la ciudadanía. Nunca las migajas de una mesa han alimentado al ganado.

Joan Saumoy i Gregori

Sabadell, febrero de 2014